COCO

Mi perro es reactivo: nuestra experiencia y todo lo que estamos aprendiendo

perro reactivo

Cuando Coco llegó a casa con apenas dos meses, yo pensaba que educar a un perro consistía básicamente en enseñarle algunas cosas: que hiciera pipí en su sitio, que se sentara, que viniera cuando lo llamábamos, que no mordiera, que paseara bien con la correa y, en definitiva, que aprendiera qué podía y qué no podía hacer.

Lo que no sabía era que acabaría aprendiendo yo muchísimo más que él.

Coco es un perro intenso. Mucho. Tiene muchísima energía, es curioso, juguetón, cariñoso y necesita estar cerca de nosotros prácticamente todo el tiempo.

Pero también es un perro reactivo.

Ladra cuando ve otros perros. Ladra a bicicletas, patinetes, motos o determinadas personas. Puede reaccionar cuando alguien llama a casa o cuando escucha algo que le activa. Incluso sabe que estamos llegando antes de que abramos la puerta y empieza a ladrar.

Y cuando tienes un perro así, llega un momento en el que los paseos dejan de ser simplemente “salir a pasear”.

Empiezas a anticiparte.

¿Vendrá algún perro por esa esquina?
¿Podremos pasar por aquí?
¿Va a reaccionar?
¿Conseguiré llamar su atención antes de que se active?

Y reconozco que ha habido momentos en los que me ha resultado agotador.

Cuando entendí que no todos los adiestramientos son iguales

Coco tenía unos tres meses cuando decidimos acudir a un adiestrador.

Queríamos hacerlo bien desde el principio. Era un cachorro con muchísima energía y nosotros necesitábamos aprender a educarlo.

Estuvimos aproximadamente dos meses.

Y aquella experiencia también me sirvió para descubrir algo que desconocía por completo: no existe una única manera de educar a un perro.

Hay formas de adiestramiento mucho más centradas en la obediencia. El perro tiene que hacer lo que se le pide porque tú eres quien manda. Si no lo hace, se corrige su comportamiento y, dependiendo del método, esas correcciones pueden incluir presión, castigos o incluso el uso de la fuerza.

Y después empecé a descubrir otro enfoque completamente diferente.

Uno que no empieza preguntándose: “¿Cómo consigo que mi perro deje de hacer esto?”

sino: “¿Por qué está haciendo esto?”

Ese cambio de pregunta lo cambió todo para mí.

Porque detrás de un comportamiento hay algo que está ocurriendo en el perro.

Puede haber miedo. Frustración. Excitación. Inseguridad. Estrés. Sobreestimulación.

Y hacer desaparecer la conducta no significa necesariamente haber solucionado aquello que la provoca.

Yo no quiero que Coco me obedezca por miedo

Con el tiempo me di cuenta de que el primer enfoque no encajaba conmigo.

Quiero educar a Coco, por supuesto.

Quiero poder pasear tranquilamente con él. Quiero que pueda cruzarse con otro perro sin montar un espectáculo en mitad de la calle. Quiero que deje de ladrar a todo lo que pasa por delante del balcón y que podamos abrir la puerta de casa sin que parezca que se aproxima el fin del mundo.

Pero no quiero conseguirlo a cualquier precio.

No me interesa que Coco deje de hacer algo simplemente porque tenga miedo de lo que ocurrirá si lo hace.

Quiero entender qué le está pasando para necesitar reaccionar así.

Por eso empecé a buscar otras alternativas.

Internet, cursos, profesionales, cuentas especializadas… he ido leyendo, escuchando, aprendiendo y, sobre todo, observando muchísimo más a Coco.

Y sigo haciéndolo.

Porque estamos muy lejos de tenerlo solucionado.

Descubrimos que Coco acumulaba mucho estrés

Una de las cosas que más me sorprendió durante este proceso fue descubrir la importancia del estrés en el comportamiento de un perro.

Yo relacionaba el estrés con algo bastante evidente: un perro nervioso en un momento determinado.

Pero he aprendido que puede haber una acumulación de activación y estrés que no desaparece automáticamente cuando termina aquello que lo ha provocado.

Y Coco acumulaba muchísimo.

De repente algunas cosas empezaron a tener más sentido.

No se trataba simplemente de pensar:

“Coco ladra muchísimo.”

Había que empezar a preguntarse qué había ocurrido antes, cuánto había descansado, cuántos estímulos había tenido durante el paseo, qué situaciones había vivido ese día o cuál era su nivel general de activación.

Empecé a mirar al mismo perro de otra manera.

Olfatear también forma parte del paseo

Otra de las cosas que he cambiado es mi forma de entender los paseos.

Antes podía pensar que un buen paseo era caminar mucho para que Coco se cansara.

Ahora sé que caminar kilómetros no es necesariamente lo único que necesita.

Dejarle olfatear todo lo que quiera es la base de nuestros paseos.

Y eso implica que algunas veces avanzamos poquísimo porque el señor Coco necesita realizar una investigación exhaustiva de un arbusto durante cinco minutos.

Antes probablemente habría tirado de la correa pensando: “Venga, Coco”.

Ahora le dejo hacerlo.

Porque ese paseo es suyo.

Morder, lamer y olfatear para ayudarle a bajar revoluciones

También hemos incorporado pequeñas cosas en casa que nos están ayudando a gestionar mejor su nivel de activación.

Una de ellas es darle oportunidades para morder.

A Coco le encanta morder, así que utilizamos determinados huesos o palos de madera aptos para perros que le permiten pasar un rato entretenido mordiendo.

También utilizamos actividades relacionadas con el olfato y otras en las que tiene que lamer.

Son cosas aparentemente muy sencillas, pero hemos comprobado que pueden ayudarle a relajarse y a bajar un poco las revoluciones.

Y digo un poco porque tampoco quiero contar aquí una historia perfecta que no existe.

Coco sigue siendo reactivo.

Mucho.

Seguimos teniendo paseos difíciles

Hay días buenos.

Hay días en los que nos cruzamos con determinadas cosas y pienso: “¡Qué bien lo ha hecho!”.

Y luego llega otro día en el que parece que hemos retrocedido diez pasos.

Todavía ladra.

Todavía reacciona.

Todavía hay situaciones que no sabemos gestionar bien.

Y yo todavía cometo errores.

A veces reacciono demasiado tarde. Otras veces me pongo nerviosa yo y probablemente tampoco ayudo. Hay momentos en los que simplemente estoy cansada y me gustaría poder salir a pasear sin tener que estar pendiente de absolutamente todo.

Porque convivir con un perro reactivo puede ser difícil.

Y creo que también es importante poder decirlo.

Ya no veo un perro que “se porta mal”

Probablemente este sea el mayor cambio que he hecho hasta ahora.

Antes veía determinados comportamientos de Coco y pensaba que tenía que enseñarle a no hacerlos.

Ahora intento ir un poquito más atrás.

¿Qué está sintiendo Coco para comportarse así?

No siempre conozco la respuesta.

Ni muchísimo menos.

Pero esa pregunta ha cambiado mi forma de relacionarme con él.

No quiero limitarme a apagar el ladrido. Quiero intentar comprender qué hay detrás de ese ladrido.

No quiero un perro perfecto.

Quiero un perro que poco a poco tenga más herramientas para gestionar aquello que ahora le supera.

Y nosotros también necesitamos aprender a dárselas.

Nos queda muchísimo camino

No escribo este artículo porque haya conseguido solucionar la reactividad de Coco.

Todo lo contrario.

Lo escribo mientras seguimos en medio del proceso.

Estoy aprendiendo sobre comportamiento canino, gestión emocional, estrés, necesidades, descanso, olfato… y probando qué cosas funcionan con él y cuáles no.

Porque otra cosa que estoy entendiendo es que cada perro es diferente.

Así que esta no va a ser la historia de “tenía un perro reactivo, hice estas cinco cosas y problema solucionado”.

Será la historia de Coco.

Y también la nuestra.

Iré compartiendo en el blog lo que vamos aprendiendo, lo que probamos, nuestros avances y probablemente también nuestros errores.

Quizás dentro de un año vuelva a leer este artículo y haya cosas que ahora hago o pienso que hayan cambiado completamente.

Ojalá.

Eso significará que hemos seguido aprendiendo.

Porque todavía nos queda un largo camino con la reactividad de Coco.

Pero estamos en ello.

 

PD: Si acabas de conocerlo y quieres saber quién es este pequeño terremoto y cómo acabó formando parte de nuestra familia, aquí puedes conocer la historia de Coco.

 

Este artículo cuenta únicamente nuestra experiencia personal con Coco y lo que nosotros estamos aprendiendo durante el proceso. No soy educadora canina ni veterinaria. Si tu perro presenta problemas de reactividad, miedo, ansiedad o conductas que te preocupan, consulta con un profesional cualificado que pueda valorar vuestro caso de manera individual.

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