HOGAR SALUDABLE

¿Sabes lo que estás poniendo en tu piel? Cómo aprendí a mirar los cosméticos de otra manera

ingredientes de los cosméticos

Cuando hablamos de llevar una vida más saludable, solemos pensar enseguida en la alimentación, el ejercicio o el descanso. Nos preocupamos por comer mejor, reducir los ultraprocesados o movernos más, pero durante mucho tiempo yo no me planteé de la misma manera qué había en todos esos productos que utilizaba cada día sobre mi piel.

Compraba champús, cremas, geles, desodorantes o pasta de dientes fijándome en lo que prometían, en el olor, en la marca o simplemente porque eran los que siempre habíamos utilizado en casa. La lista de ingredientes estaba ahí, en la parte de atrás del envase, pero para mí era prácticamente otro idioma y tampoco tenía demasiado interés en descifrarlo.

Hasta que un día descargué la app INGRED y decidí analizar lo que había en mi baño.

El día que empecé a mirar los ingredientes

Recuerdo coger los productos que utilizábamos habitualmente y empezar a introducir sus ingredientes en la aplicación. Analicé champús, cremas, pasta de dientes, desodorantes… y reconozco que mi primera reacción fue bastante alarmista porque aparecían ingredientes señalados que yo ni siquiera sabía que existían.

Empecé entonces a buscar información y descubrí todo un mundo del que hasta ese momento no tenía ni idea. Conservantes, perfumes, determinados filtros, sustancias potencialmente irritantes, ingredientes cuestionados por diferentes motivos… Aquello hizo que empezara a mirar de otra manera algo tan cotidiano como comprar un champú.

Con los años también he aprendido que no podemos decidir si un cosmético es bueno o malo únicamente porque una aplicación marque uno de sus ingredientes en verde o en rojo. La seguridad de un ingrediente depende también de cuestiones como su concentración, su uso o la exposición, y un nombre químico difícil de pronunciar no significa automáticamente que tengamos delante algo peligroso.

Aun así, agradezco haber descargado aquella aplicación porque despertó mi curiosidad y consiguió algo mucho más importante: que dejara de comprar cosmética sin preguntarme qué estaba comprando.

Los disruptores endocrinos fueron uno de mis grandes descubrimientos

Entre todas las cosas sobre las que empecé a leer hubo un concepto que se me quedó especialmente grabado: los disruptores endocrinos.

Son sustancias capaces de interferir con el funcionamiento normal de nuestro sistema hormonal y nuestra exposición a ellas puede producirse a través de distintas fuentes de nuestro entorno. No hablamos únicamente de cosmética; también se estudia su presencia en determinados plásticos, pesticidas, materiales en contacto con alimentos y otros productos que forman parte de nuestra vida cotidiana.

Estos disruptores endocrinos, al alterar el sistema hormonal, son los que están provocando que niñas ya tengan la menstruación con solo 8-9 años, mujeres con menopausia precoz, o alteraciones de la tiroides, entre otras enfermedades.

Este tema me hizo pensar mucho en algo que hasta entonces no me había planteado: utilizamos muchos productos diferentes a lo largo de un solo día. Nos duchamos, nos lavamos el pelo y los dientes, utilizamos desodorante, crema facial, maquillaje, productos para el cabello… y repetimos esas rutinas durante años.

Eso no significa que utilizar un cosmético concreto vaya a provocarnos una enfermedad, ni creo que debamos vivir asustadas cada vez que abrimos un bote de crema. Pero sí hizo que yo quisiera prestar más atención a mi exposición diaria y elegir mejor cuando tuviera la posibilidad de hacerlo.

Empecé a cambiar mi baño, pero no de un día para otro

Mi reacción inicial fue querer cambiarlo absolutamente todo, algo bastante típico en mí cuando descubro un tema nuevo y me meto de lleno en él. Pero sustituir de golpe todos los productos de una casa no es necesario, ni tampoco especialmente sostenible.

Así que empecé a hacerlo de una manera mucho más sencilla. Cuando terminábamos un producto, investigaba alternativas antes de volver a comprarlo. Algunas cosas las cambié rápidamente, otras tardaron bastante más y hay decisiones que he ido modificando según he aprendido.

Porque también he cambiado mi manera de entender todo esto. Al principio podía caer fácilmente en pensar que «natural» equivalía a bueno y «químico» a malo, pero la realidad es bastante más compleja. Natural no significa automáticamente seguro o mejor, de la misma manera que un producto convencional no es malo simplemente por serlo.

Lo que sí permanece es mi intención de saber un poco más sobre aquello que utilizamos de forma habitual en casa y poder elegir con más información.

INGRED puede ayudarte a empezar a investigar

Si nunca has mirado la composición de tus cosméticos y todo esto te suena a chino, INGRED puede ser una herramienta interesante para empezar. No porque debas tomar la valoración de una aplicación como una verdad absoluta, sino porque puede ayudarte a identificar ingredientes y, a partir de ahí, investigar aquellos sobre los que quieras saber más.

Yo empezaría precisamente por los productos que más utilizas. Mira tu gel, el champú, el desodorante (lo más urgente para mí), tu crema facial o la pasta de dientes. No hace falta analizar todo el baño en una tarde como hice yo, ni mucho menos tirar un producto porque aparezca un ingrediente señalado.

La idea es empezar a acostumbrarte a mirar también la parte de atrás del envase, no quedarte únicamente con las palabras bonitas de la parte delantera, que pueden ser muy engañosas y ya sabemos cómo es la publicidad y el marketing.

Porque «natural», «clean», «eco» o cualquier otro reclamo comercial tampoco nos cuenta por sí solo toda la historia de un producto.

Esta búsqueda fue también la que me llevó a RINGANA

Cuando descubrí RINGANA yo ya estaba buscando alternativas para algunos de los productos que utilizábamos en casa. Lo que llamó mi atención fue precisamente su forma diferente de formular y fabricar cosmética y, especialmente, el concepto de producto fresco.

Los productos de RINGANA son frescos, lo que significa que no tienen conservantes artificiales, no llevan químicos nocivos para la salud ni disruptores endocrinos, y tienen una vida útil más corta de la que estamos acostumbradas a encontrar en la cosmética convencional. Su modelo permite que los productos vayan directamente desde la fábrica hasta el cliente, sin necesidad de estar durante meses almacenados o esperando en la estantería de una tienda.

Y algo muy importante que es mejor que el «sin tóxicos», RINGANA es EFICAZ. ¿Y sabes por qué? Porque al ser productos frescos y no llevar ni tóxicos ni conservantes, su formulación es 100% con principios activos, cuando la cosmética convencial, sea de la marca que sea y del precio que sea, al tener que llevar conservantes y otras sustancias para poder estar en un estante y tener una larga duración de caducidad, solo llevan el 30% de principio activo. Y esto no me lo estoy inventando, hay muchos estudios de cosmétican que lo demuestran.

Hoy sigo mirando lo que compro, pero de otra manera

Han pasado años desde aquella primera inspección de mi baño con INGRED y ahora tengo bastante más perspectiva. Ya no quiero vivir buscando una casa completamente «libre de tóxicos» ni creo que sea realista convertir cada compra en una investigación científica.

Simplemente quiero poder decidir.

Hay productos en los que soy más exigente, otros a los que doy menos importancia y algunos cambios que todavía tengo pendientes. Pero ya no compro exactamente igual que antes porque ahora sé que detrás de un envase bonito y de todas las promesas que aparecen en la etiqueta hay una formulación que también puedo mirar.

Si nunca lo has hecho, prueba un día. Descarga INGRED, abre el armario del baño y empieza por dos o tres productos que utilices todos los días. Mira qué contienen, busca información si encuentras algo que te genere dudas y decide después qué quieres hacer con esa información.

No necesitas cambiar todo lo que tienes en casa. Tomar conciencia de lo que compras ya es un cambio importante, y a partir de ahí puedes ir encontrando las alternativas que tengan sentido para ti y para tu forma de vivir.

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